Sucedió en Huancayo

El gerente de tienda de una gran cadena de supermercados, había tenido una larga charla con los colaboradores la semana anterior.  Y como eje de su discurso, había dicho que ellos, debían poner al cliente, siempre primero. Había dicho, por ejemplo, que la primera fila del estacionamiento, la mas cercana a la tienda, estaba reservada exclusivamente a los clientes. Que luego irían los empleados y por último los gerentes (para que estos tuvieran la oportunidad de revisar cada mañana el estado del estacionamiento)

Esa mañana llovía furiosamente, ahí estaba el gerente, acomodado en la cabina de su 4X4, contemplando la larga fila de estacionamientos vacíos a escasos metros de la entrada de la tienda y el ahí, sin paraguas y dándole vueltas a la idea de romper la nueva regla.

Finalmente tomó la decisión correcta, se fue hasta la última fila, estacionó su auto y corrió los 20 metros que lo separaban de la entrada de la tienda. Cuando llegó chorreando y agitado, un grupo de empleados estaban ahí, lo aplaudieron y felicitaron.

Esta historias me la contaron en esa misma tienda, y el empleado que me la contó, no había estado allí ese día. Es mas, el gerente protagonista de la historia, ya no trabaja en ese supermercado, pero la historia sigue ahí, es un ejemplo perfecto de lo que significa creer en los valores y respetarlos aunque cueste.

Pero la historia es en si, un ejemplo perfecto también de lo que pueden hacer las historias por la cultura de una compañía.

Nunca nadie entendió mejor que ese grupo de empleados y que cada persona que escucha esta historia después, lo que realmente significa, poner al cliente primero.

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